

A través de los años hemos perdido el contacto con la majestuosa y colosal inspiración, en alguna época fue musa para la creación, fue la razón de existencia de poesía, literatura, música y rituales románticos que llenaban de luz al manto del cielo nocturno.
Le dimos poderes, magia, nombre, le llamamos diosa y le asignamos un guardián que la acompaña a través de todas las noches, que la busca en su ausencia le canta y grita su nombre.
Más que anécdotas, leyendas y mitos, es la contemplación del universo plasmada en un encanto nocturno y tenue brillo intergaláctico reflejado en la tranquilidad de nuestro cielo.
Los ancianos dicen que ya no habla, solía susurrar canciones al viento, hablarle a las praderas y exigir silencio a las montañas, dicen que se veía caminar sobre el inmenso mar, recogiendo conchas sobre la costa corriendo entre los bosques. No saben exactamente como y cuando sucedió se dice que bajo en forma de ángel quería sentir las emociones y sentimientos que tanto hacen sufrir y gozar a los humanos, quería sentir en calor unos labios, el regocijo de un abrazo, la alegría que desencadena el amor.
El hombre mas anciano se levanta y grita con esmero; Es ella!!! La dama de la casa de piedra, la reina de las flores de jazmín, la doncella que se pasea por las plazas en las noches calidas, y que siempre esta al pie de la ventana como observando al mundo entero desde su balcón, es ella!!! Los caninos la han reconocido.
Todo es silencio por un instante, pero parece ser cierto, el guardián que le asignaron en tiempos de antaño es quien la ha delatado, ellos no han dudado han pasado épocas enteras llamándole en las penumbras, y han sufrido con su ausencia, estos animales le han visto caminando sobre las calles, se han acercado a llamarla como esperando y ansiando que la respuesta sea el retorno a su sitio, como esperando que devuelva el brillo a la noche.
Todos la han mirado la piel blanca como el color que resalta de ella, ese color que pareciera plateado como matizado por el marfil, así es la piel de la bella princesa que resguarda en el balcón escuchando el llamado de los canis lupus, el brillo de su mirada nos recuerda el resplandor que ha perdido la noche, se lo ha llevado con ella en una intensa y dulce mirada, el cabello castaño y las manos suaves nos recuerdan el toque delicado que ofrece a la noche.
Así es, la luna ha bajado, fue insoportable su ausencia pero mas insoportable fue su espera, espera de un sentimiento, de un canto que le llenara el alma, la espera de ser contemplada.
Le dimos poderes, magia, nombre, le llamamos diosa y le asignamos un guardián que la acompaña a través de todas las noches, que la busca en su ausencia le canta y grita su nombre.
Más que anécdotas, leyendas y mitos, es la contemplación del universo plasmada en un encanto nocturno y tenue brillo intergaláctico reflejado en la tranquilidad de nuestro cielo.
Los ancianos dicen que ya no habla, solía susurrar canciones al viento, hablarle a las praderas y exigir silencio a las montañas, dicen que se veía caminar sobre el inmenso mar, recogiendo conchas sobre la costa corriendo entre los bosques. No saben exactamente como y cuando sucedió se dice que bajo en forma de ángel quería sentir las emociones y sentimientos que tanto hacen sufrir y gozar a los humanos, quería sentir en calor unos labios, el regocijo de un abrazo, la alegría que desencadena el amor.
El hombre mas anciano se levanta y grita con esmero; Es ella!!! La dama de la casa de piedra, la reina de las flores de jazmín, la doncella que se pasea por las plazas en las noches calidas, y que siempre esta al pie de la ventana como observando al mundo entero desde su balcón, es ella!!! Los caninos la han reconocido.
Todo es silencio por un instante, pero parece ser cierto, el guardián que le asignaron en tiempos de antaño es quien la ha delatado, ellos no han dudado han pasado épocas enteras llamándole en las penumbras, y han sufrido con su ausencia, estos animales le han visto caminando sobre las calles, se han acercado a llamarla como esperando y ansiando que la respuesta sea el retorno a su sitio, como esperando que devuelva el brillo a la noche.
Todos la han mirado la piel blanca como el color que resalta de ella, ese color que pareciera plateado como matizado por el marfil, así es la piel de la bella princesa que resguarda en el balcón escuchando el llamado de los canis lupus, el brillo de su mirada nos recuerda el resplandor que ha perdido la noche, se lo ha llevado con ella en una intensa y dulce mirada, el cabello castaño y las manos suaves nos recuerdan el toque delicado que ofrece a la noche.
Así es, la luna ha bajado, fue insoportable su ausencia pero mas insoportable fue su espera, espera de un sentimiento, de un canto que le llenara el alma, la espera de ser contemplada.
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